¡¡CAAAALLENSEE!! ¡¡SHHH!!

Lc 1; 19-20

"....he sido enviado para hablarte y anunciarte esta BUENA NOTICIA

Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas..."

Lc 1; 19-20

Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Y por qué lo decís vos?

Cuando nos piden que justifiquemos una opinión, muchas veces nos hacen esta pregunta, que tiende a ser más o menos difícil de responder.
Sin embargo, es posible que, por la entonación de la pregunta ("por qué lo decís VOS" con la boca abierta tipo bostezo en la "o"), en lugar de responder por qué decimos lo que decimos, nos veamos en la situación  -quizá más apremiante aún- de tener que contestar POR QUÉ NO DEJAMOS QUE LO DIGA OTRO, es decir, POR QUÉ NO NOS CALLAMOS.
Para mí es difícil explicar por qué quiero dar palabras a otros, porque muchas veces hace falta "ser quién" para decirlas y que sean recibidas. Es más bien la autoridad del que dice la que da importancia a lo que se dice, y no basta con "tener algo que decir" (ni con decirlo "bien") para tener autoridad.
Yo digo que escribo por vocación, aún sin saber muy bien qué es eso ni qué implica. Por lo pronto, para quien lee, implica que puede tomar esta pequeña hoja de notas y vivencias espirituales como un "autoservicio" casi gratuito, y llevarse sólo y todo lo que le sirva para hacer con ello lo que le parezca. Acá no hay investiduras para respetar (no me quedaron en stock), no hay opiniones "de peso" ni "de autor", y, de hecho, cualquiera que tenga interés puede colaborar en la escritura de la hojita que se les presenta aquí. Háganmelo saber, nomás, y los agrego como administradores. 

¿"Casi gratis", dije, no? Disculpen, me quería asegurar de avisarles que el costo de participar (leyendo o escribiendo) es APODERARSE DE LOS TEXTOS. No quiero colaboradores vagos. 

(¡Para eso sobro yo!)

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