¡¡CAAAALLENSEE!! ¡¡SHHH!!

Lc 1; 19-20

"....he sido enviado para hablarte y anunciarte esta BUENA NOTICIA

Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas..."

Lc 1; 19-20

Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD! (Fragmento)

No soy nada, y no soy digna de que entres en mí, ¡aý cuán to me ardés! Pero ya que quisiste hacerte uno de nosotros, pobre entre los po...


 MISA DE NOCHEBUENA
SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DEL SEÑOR
HOMILÍA DEL PAPA BENEDICTO XVI
Basílica Vaticana
25 de diciembre de 2007

Queridos hermanos y hermanas:
«A María le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (cf. Lc 2,6s). Estas frases, nos llegan al corazón siempre de nuevo. Llegó el momento anunciado por el Ángel en Nazaret: «Darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo» (Lc 1,31). Llegó el momento que Israel esperaba desde hacía muchos siglos, durante tantas horas oscuras, el momento en cierto modo esperado por toda la humanidad con figuras todavía confusas: que Dios se preocupase por nosotros, que saliera de su ocultamiento, que el mundo alcanzara la salvación y que Él renovase todo. Podemos imaginar con cuánta preparación interior, con cuánto amor, esperó María aquella hora. El breve inciso, «lo envolvió en pañales», nos permite vislumbrar algo de la santa alegría y del callado celo de aquella preparación. Los pañales estaban dispuestos, para que el niño se encontrara bien atendido. Pero en la posada no había sitio. En cierto modo, la humanidad espera a Dios, su cercanía. Pero cuando llega el momento, no tiene sitio para Él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente, que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Y cuanto más se enriquecen los hombres, tanto más llenan todo de sí mismos y menos puede entrar el otro.
Juan, en su Evangelio, fijándose en lo esencial, ha profundizado en la breve referencia de san Lucas sobre la situación de Belén: “Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron” (1,11). Esto se refiere sobre todo a Belén: el Hijo de David fue a su ciudad, pero tuvo que nacer en un establo, porque en la posada no había sitio para él. Se refiere también a Israel: el enviado vino a los suyos, pero no lo quisieron. En realidad, se refiere a toda la humanidad: Aquel por el que el mundo fue hecho, el Verbo creador primordial entra en el mundo, pero no se le escucha, no se le acoge.
En definitiva, estas palabras se refieren a nosotros, a cada persona y a la sociedad en su conjunto. ¿Tenemos tiempo para el prójimo que tiene necesidad de nuestra palabra, de mi palabra, de mi afecto? ¿Para aquel que sufre y necesita ayuda? ¿Para el prófugo o el refugiado que busca asilo? ¿Tenemos tiempo y espacio para Dios? ¿Puede entrar Él en nuestra vida? ¿Encuentra un lugar en nosotros o tenemos ocupado todo nuestro pensamiento, nuestro quehacer, nuestra vida, con nosotros mismos?
Gracias a Dios, la noticia negativa no es la única ni la última que hallamos en el Evangelio. De la misma manera que en Lucas encontramos el amor de su madre María y la fidelidad de san José, la vigilancia de los pastores y su gran alegría, y en Mateo encontramos la visita de los sabios Magos, llegados de lejos, así también nos dice Juan: «Pero a cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12). Hay quienes lo acogen y, de este modo, desde fuera, crece silenciosamente, comenzando por el establo, la nueva casa, la nueva ciudad, el mundo nuevo. El mensaje de Navidad nos hace reconocer la oscuridad de un mundo cerrado y, con ello, se nos muestra sin duda una realidad que vemos cotidianamente. Pero nos dice también que Dios no se deja encerrar fuera. Él encuentra un espacio,

domingo, 23 de diciembre de 2012

Profeta invisible


Con razón, pues, fueron ambas madres quienes anunciaron con sus profecías los nacimientos del Señor y de Juan...!
San Beda, el Venerable. (c.673-735), monje benedictino, doctor de la Iglesia e historiador celta.

Yo vi pasar a tu hijo
por largas austeras márgenes
y vi postrarse a tu hijo
frente a la Virgen de Vírgenes.


Y yo quería saber
cómo es tu cara,
Isabel


Tu cara

Isabel, dicen que tu hijo fue grande.
Vaya que lo fue.

Precursor -dicen- de Dios omnipotente.
Vaya que lo fue.

Pero tu cara.

Tus arrugas, Isabel, nos han sido negadas.
Mi querida profeta sin rostro.

La Madre de Jesús dijo.
Y vos.

Tan pocas palabras.
"Esto es lo que el Señor hizo por mí
cuando decidió liberarme de lo que me avergonzaba ante los hombres".

Vos:
       la madre precursora del Precursor del Hijo de la Madre de Dios.
Vos:
       mi dulce venerada, una arruga en mi joven corazón
      de ceño, que es el órgano de arrugarse para
                                                                        no comprender
                                                                        el órgano de no VER




          Ahora mi entrecejo se arruga y te veo de lejos, siempre esperando.... Y se te acerca la Esperanza y ¡pum! son tus músculos, los de siempre, pero como nunca!!
         Una tensión única, desconocida y sagrada, los colisiona y los flexiona.
         Es tu cuerpo el de siempre. El avergonzado cuerpo viejo de siempre, que se se conmueve desde la entraña. (Un cuerpo humano conmovido por otro: el de su hijo conmovido por el Hijo de Otro.)



No te veo bien, Isabel Santa. Íconos.
Eras una mujer anciana.



         ¿Será por eso que no te veo?
         Las señoras andan a paso lento por las veredas rotas y creen que no saben nada. Ante los hombres, las señoras nunca saben nada. En cambio, había un paso incensario en los pies del Profeta.

El profeta que todo lo dejó. Su piel revestida de otras.
Su
vida empeñada por las penas de otros y por discípulos que luego
donó.

Había un paso joven y persistente.
Un paso virgen y de varón.

Pero antes, tu paso lento de madre esperanzada.
de creatura confiada del Señor.

La gente dice por ahí que San Juan
el Precursor.

Pero yo creo que San Juan se pasea voceando por los Jordanes
"mi madre es dos veces profeta",
dice el Señor.

No creyó por un ángel, no.
No creyó por un signo de las ábsides ni por Nínive ni por códices, no.
Creyó por las Palabras del Espíritu.
¡Por Dios, Creyó...

Dos veces profeta, yo digo, ¿no?, quien engendra un Profeta.
"Y llena del Espíritu Santo exclamó
un hijo lleno del Espíritu Santo."
Un hijo virgen. Un hijo santo.
Un Precursor.

Ah, pero no te veo. Las señoras siguen con su paso lento rezando el Rosario. Las miramos con condescen-
dencia... Los miro a todos. Con admiración. Pero frunzo el entrecejo y pienso. Y pienso mucho.Y tu cara, querida ISABEL QUE ESCUCHAS ESTE POEMA, Isabel
desconocida.


Sí, hubo quien la pintó.
Pero, ¿y tu voz?

"Bendita Tú por haber creído"

martes, 4 de diciembre de 2012

¡¡AÑO LITÚRGICO 2013!!

Chaaauu Año Litúrgico 2012!!  ESTAMOS EN LA PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO!!

Gracias por tanto. Gracias Dios y Señor nuestro por Salvación que experimentamos a través de TU comunidad de Ntra. Sra. del Carmen, y por aceptarnos como nos tenés, de las manos tu Madre Santísima, aun con nuestros pecados y defectos.
Gracias por tanto, mi Rey, nuestro Rey.
Santo Espíritu, no permitas que te neguemos el Señorío de nuestro pequeñísimo corazón. Te pedimos especialmente por nuestros amigos y familiares, y por todas las necesidades de nuestras familias. Recibí esta oración, Padre, por Jesucristo, nuestra alegría, quien vive y REINA para siempre.